El sistema global de alimentos le está fallando a los campesinos – así podemos arreglarlo

Tal vez no necesitamos café jamaiquino en pleno invierno estadounidense.

La abracé mientras lloraba sobre mi camiseta a la vez que mi colega de laboratorio corría a través del campo de café para traer pañuelos.

Estabamos en una granja cafetera a 7,500 pies (2.286 metros) sobre el nivel del mar en medio de las Montañas Azules de Jamaica. Antes de derrumbarse, la mujer nos hablaba de su vida como agricultora. El llanto fue una constante a lo largo de mis entrevistas en Jamaica. Los campesinos me contaron cómo los precios de los fertilizantes se habían disparado tras la invasión de Ucrania, el mayor exportador de fertilizantes del mundo, lo que hizo virtualmente imposible comprar este insumo. También escuché historias sobre cómo las carreteras y caminos rurales abandonados hacían imposible mantener los vehículos en buen estado. Sin embargo, durante esta entrevista, esta mujer fue una de las pocas que nos contó sobre un problema económico más local: los campesinos no tienen control sobre el precio de sus cultivos en el mercado, pues son las grandes corporaciones quienes los fijan. Nos explicó cómo, para poder hacer suficiente dinero para ganarse la vida, los campesinos necesitan costosos fertilizantes y pesticidas.

Las compañías de agroquímicos se han gastado miles de millones de dólares asegurando que las granjas industriales puedan mantener cosechas todo el año – para que los granos de café de un árbol sembrado en la comunidad de Portland Parish, en medio de las Montañas Azules jamaiquinas, pueda llegar a las manos de un comprador en Estados Unidos incluso si estamos en febrero. La mano de obra de los pequeños agricultores no está calculada en los rendimientos de estas empresas, por lo que las personas que cultivan esos granos de café terminan llorando en el hombro de cualquiera que les escuche.

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El sistema global de alimentos está roto. Hemos visto ejemplos de ello en el último año: la producción de trigo en Rusia disminuyó tras la invasión rusa a Ucrania; el gobernador de Hawai’i quiere cultivar más comida en las islas porque estudios recientes han demostrado que si el estado se viera golpeado por un desastre ambiental, solo estaría abastecido por tres días, pues depende de importaciones para sobrevivir. Mientras tanto, la agricultura industrial emite un tercio de los gases de efecto invernadero a nivel mundial. El ejemplo más grande de lo roto que está el sistema es que los pequeños agricultores, quienes producen más del 70% de los alimentos que comemos, suelen ser las poblaciones con más individuos sufriendo de malnutrición y viviendo en la absoluta miseria.

Si los humanos queremos soportar los desastres climáticos actuales y venideros, nuestro sistema alimentario necesita cambiar. Llegó la hora de alejarnos de la agricultura industrial. Tenemos que producir nuestros alimentos de forma que devolvamos el poder a quienes los producen, distribuyen y consumen, para que puedan cambiar y diseñar los mecanismos y políticas que rigen la producción y distribución de alimentos.

Como consumidor, tienes el poder de cambiar lo que ocurre con tus alimentos antes de que lleguen a tu plato o tu taza, integrando en tu estilo de vida diario una relación con los agricultores y la tierra que te rodea.

¿Cómo ha cambiado la agricultura a lo largo de la historia?

La mujer jamaiquina que entrevisté en las Montañas Azules me recordó a mi propia historia con la agricultura. Mis abuelos fueron aparceros en el sur de los Estados Unidos durante la era de Jim Crow. A lo largo de mi vida, me explicaron que se veían forzados a producir cultivos que los blancos – quienes eran dueños de la tierra que mis abuelos cultivaban – querían vender en los mercados y, como resultado, mi familia tenía poco o nulo control sobre lo que comían o cuánto dinero hacían. Millones de afroamericanos solo eran engranajes de lo que en el mundo académico conocemos como el régimen alimentario de la agricultura industrial.

About the author:

Alexa White, MS

Alexa White, MS

Alexa White is a Ph.D. candidate in the Department of Ecology and Evolutionary Biology at the University of Michigan and the co-founder and executive director of the AYA Research Institute.

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lariah
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