It’s difficult to avoid eco-anxiety. But if we detox our social media feeds and focus on community, we can all find good news and inspire change.
We all have the power to bring about change, even if we don’t recognize it.
Pero a veces es difícil de ver. Las redes sociales nos inundan con los impactos viscerales del cambio climático. Desde los megaincendios globales en California que destruyeron comunidades enteras hasta las devastadoras inundaciones en Europa y China este verano, parece que la desesperanza climática nos rodea.
Pero ¿qué pasaría si, en lugar de compartir las noticias negativas sobre el medio ambiente, empezáramos a actuar? Para mí, la acción significó crear HOPE: Humanos por la Oposición a la Contaminación y las Emisiones (por sus siglas en inglés Humans for the Opposition of Pollution and Emissions), un grupo de defensa dedicado a promover la alfabetización científica y a educar a los agricultores en comunidades de bajos ingresos e históricamente desatendidas. Con el avance del cambio climático, los problemas de las inundaciones, la contaminación y la sequía pueden ser difíciles de manejar sin ayuda externa. HOPE ayuda a las comunidades a gestionar esas cargas para garantizar la seguridad alimentaria y del agua. HOPE fomenta la unión y combate las realidades a menudo paralizantes del cambio climático.
Hemos podido trabajar en el oeste de Massachusetts compartiendo material educativo con grupos de bajos ingresos y subrrepresentados que ayudan a transmitir la importancia de la acción para combatir el cambio climático en su comunidad. Organizamos grupos de discusión, seminarios web y reuniones de pequeños grupos para debatir sobre cómo conseguir que la comunidad esté “preparada para el clima”. Gracias a ello, hemos podido desarrollar una agricultura climáticamente inteligente y fortalecer la biota local a través de jardines autóctonos.
Sin embargo, no es necesario crear una nueva organización para marcar la diferencia, sino que se puede empezar por los hábitos individuales. He aquí algunos pasos que me han resultado útiles para seguir siendo positivo y orientado a la acción en cuestiones medioambientales.
Paso 1: Haz una desintoxicación digital
Los psicólogos han dado un nombre a nuestro sentimiento colectivo de fatalidad: la eco-ansiedad. Este título sugiere que nuestras respuestas emocionales colectivas a toda la angustia que rodea al cambio climático son respuestas razonables a la devastación.
Pero, ¿qué pasa cuando nos inunda la eco-ansiedad? Vemos un vídeo en Instagram de una parte del océano en llamas, o un informe sobre temperaturas récord en el noroeste del Pacífico y un aumento de las muertes. Pasamos a Twitter y vemos un vídeo de Jeff Bezos yendo al espacio mientras nos adentramos cada vez más en una crisis de hambre impulsada por el clima. ¡Y estos fueron ejemplos solo de julio!
No solemos ver el bien oculto. Tenemos que prestar atención a esas caras amables de TikTok que nos enseñan a reciclar la ropa, o a los científicos que comparten en YouTube lecciones sobre la limpieza de lagos y ríos. En Twitter podemos seguir a científicos que saben cómo reducir la demanda global de uso del agua. En YouTube podemos aprender a reducir nuestro uso de plástico.
Al desintoxicar los mensajes negativos de nuestras fuentes digitales, podemos despejar el camino en nuestras mentes para las noticias e intervenciones positivas. He estado seleccionando mis redes sociales en torno a creadores que comparten esperanza, positividad y acción. En Instagram, esto incluye a gente como soulful_seeds, climateopti-mistspodcast, blackinenviron, goodenergy_project y grounded.hope. También sigo a personas que no suelen aparecer en el debate sobre el cambio climático: mujeres de color, grupos indígenas y creadores de contenido LGBTQIA+.
También concentro mi tiempo fuera de redes en fomentar las relaciones físicas con la gente de la comunidad, lo que me ayuda a salir de esta burbuja digital. Puedo ver y comprender las experiencias vividas por mi comunidad y, al mismo tiempo, aprender las formas en que la gente están lidiando activamente con la crisis climática.
Paso 2: Salga de su zona de confort

El cambio comienza con una sola persona, idea o acción. Todos podemos generar un cambio positivo dando pasos fuera de nuestra zona de confort y desafiándonos a nosotros mismos.
Durante el verano del 2020, examiné los datos que demostraban que las comunidades con mayor población de minorías, de bajos ingresos y con capacidad limitada de hablar inglés eran mucho más propensas a vivir en o cerca de suelo o agua contaminados en comunidades postindustrializadas como Lawrence, Massachusetts, y Holyoke, Massachusetts. Cuando hablé con los miembros de la comunidad, se sentían frustrados porque no se escuchaban sus preocupaciones. Compartieron anécdotas sobre enfermedades, asma y cáncer, y querían una solución a sus crecientes preocupaciones. La noticia me devastó, pero tenía poder como miembro de la comunidad, como científica y como defensora de la justicia medioambiental para hacer algo.
That’s when I started the advocacy group HOPE. With limited resources, funding, and even support, I recruited people who shared my vision: to ensure everyone lives in a community with clean air, soil, and water, free from the worry of environmentally related illnesses. Although we’re still in our early stages, we’re developing plans to advocate for the remediation of contaminants in our soil and water. We’re also currently working with a grassroots urban agriculture organization called Nuestras Raices, where we’re building a native urban garden that will contribute to improved biodiversity and strengthen the climate resilience of agriculture. In 2021, we’ve been working on developing computer simulations that demonstrate how contaminants move in groundwater and how this affects consumer health. All of this work leads us to collaborate with policymakers, district representatives, and businesses to help remove these contaminants.
Starting HOPE was a profound leap out of my comfort zone. Before beginning my PhD in 2019, I had no formal background in environmental science or climate justice. Almost a year later, when I started HOPE, I realized that anyone can be an agent of change when equipped with knowledge, optimism, and a mission. When I formed HOPE’s board of directors, I recruited people from all walks of life: retired teachers, librarians, high school students, local activists, and graduate students. All the directors felt the same way, as if it were uncharted territory, but once they became comfortable with the science, they felt empowered to take action.
“Knowing what needs to be done eliminates fear.” This was a quote I thought about a lot in the early days of launching HOPE. There will always be people who act as a beacon of hope in our daily lives, in our communities, and in the news. Take the necessary steps to become a beacon of hope for others.
Step 3: Take collective action: One idea, one team, one community
In 2018, I worked on a project addressing water quality issues in a small Massachusetts town. The residents were concerned that after heavy storms, oil and trash would run from parking lots into the water supply. The fiscal year budget was running low, and the river continued to fail to meet Environmental Protection Agency water standards.
Header photo: Callum Shaw/Unsplash




